sábado, 18 de diciembre de 2010

Tejeda 2010

Y sí, no salió, pero por lo menos ahora puedo compartir esto.


Tus pies (II)

Estoy olvidándome de tus pies. Esta mañana, cuando repetía el recorrido mental que muchas veces hago de tu cuerpo, de algunas conversaciones, de la secuencia de hechos que nos reunió, me di cuenta de que hoy no podría distinguir tus pies de los de cualquiera. Me sería imposible decirte exactamente qué parte o qué característica no recuerdo, si alguna forma del dedo meñique o el color de la planta, porque eso –paradójica¬mente– implicaría recordar.

La sorpresa y la angustia me inundaron cuando justamente, al comparar tu recuerdo, la memoria de tu ser, contra la estructura cualquiera de una mujer, como las que tan bien se exponen en esas revistas que guardo en el baño desde que vivo nuevamente solo, pude comprobar que faltaba algo. Lo sé, en tu pragmatismo estarás pensando que seguramente hay muchas cosas que tampoco puedo recordar de vos y, por otro lado, te causará gracia comprobar que vos ya prácticamente te has olvidado de mí y me has resuelto a esa explicación simple de ser una etapa en tu vida, pero para mí no es tan fácil, nunca lo ha sido.

Interrumpo la línea de pensamiento ahora para imaginar qué recordarás de mí y sabés cuánto me gusta hablar de mí. ¿Será algún aspecto físico, alguna mueca particular, mi forma de caminar o gesticular? Apuesto a que seguramente, si algo te ha de ser difícil de olvidar, deberían ser mis lunares, esas marcas heredadas y propias. O, concretamente ahora, que es la hora de comer, te acordarás de los sándwiches que preparaba los sábados para ver películas acurrucados en el living. Creo que nunca repetí una combinación de ingredientes y es que ponía todo el empeño en sorprenderte y agradarte. Esa vez de la crema de ajo, que terminó con tus vómitos en el baño, fue compensada por otras tantas veces en las que la selección estuvo perfecta, la combinación de matices inconfundibles. Acertar todas las veces era imposible, claro.
¿Te acordás? Creo que yo recuerdo todo, lo bueno, lo malo y lo más-o-menos; salvo ahora tus pies, y es que veo en la memoria la posibilidad y la imposibilidad. Esa muesca que deja la ausencia de algo. ¿Cómo podré hacerte ausente si no puedo recordarte?

A este paso es probable que vuelvas a aparecer en cualquier momento y deba enfrentarte real y presente, ya que habré olvidado tu recuerdo y me será imposible escapar. No sé si comprendés lo terrible de esta cuestión, la angustia que en mí desata el presente, que se construye de incertidumbres y vaguedades, de un deambular torpe y tramposo. El pasado, el recuerdo, el relato, son formas controladas de vida, y he comprobado que puedo soportar tu ausencia, tu falta, porque puedo recorrer minuciosamente nuestros encuentros y desencuentros, nuestro camino confuso y, finalmente, fallido. Pero si te olvido, completamente, y tu cara se vuelve una más en la multitud de rostros de la calle las cosas se vuelven sumamente complicadas.
Si olvido una parte y tendenciosamente pierdo de nuestra historia esos momentos que la llevaron al fracaso, acaso iré reescribiendo nuestros encuentros hacia una historia más feliz y ya no sabré por qué nos separamos. En esta línea, tal vez recobre la esperanza de encontrarnos nuevamente, que vos ya no recuerdes por qué me había vuelto insoportable y me lleves a tu lado para amarte renovadamente. Si el olvido de tus pies es el inicio de todo y te olvido, me olvido, nos olvido lo suficiente, en el pensamiento extremo podré verte en cualquier esquina y volver a enamorarme. A eso le temo y ahí mi desesperación de saber que algo falta y no tener en la memoria la secuencia de hechos que licuó nuestras posibilidades.
Sé que soy un obsesivo que puede merodear estas ideas por tiempo indefinido sin llegar nunca a concretar los actos que hagan a la consecución de una vida más plena. Vos también lo sabés y por eso tal vez fuiste haciendo imposible la relación al punto que nos alejamos, nos dejamos, preferimos recordarnos antes que vernos.

Ahora no sé si es temor o anhelo, y si simplemente estoy forzándome a olvidarte para después encontrarnos y que intentemos reconstruir esta relación. No, no… no funcionaría de todas maneras. Volveríamos a caer en esta forma de nada y como en esas malas resoluciones cinematográficas donde el personaje recapitula todos los hechos para la vuelta de tuerca final, caeríamos en la cuenta del mismo error dos veces y volveríamos a odiarnos.

No, no… no voy a insistir con esto y vos tampoco lo hagas. Fijate que lo pongo así para convencerme que de alguna manera a vos también te pasa algo de esto, como si estuvieras luchando también entre memoria y ganas. Una pavada, discúlpame, una pavada de esas que no puedo controlar y menos mal que no estás acá porque volvería a llenarte la cabeza con estas cosas. Eso es lo bueno, de lo que no debo olvidarme. Claro, no tan bueno. Es lo importante que siempre tengo que tener en cuenta.

Y después me pregunto por qué te escribo esto a vos, y para qué. Porque ya es sabido que las causas pueden estar más o menos claras, considerando cómo soy y esas tendencias que son tan difíciles de esquivar, pero el objetivo que persigo, eso es lo más incierto o lo más frustrante. Tengo claro, y vos me lo has hecho saber sin ningún lugar a dudas, que tu interés en retomar esta relación es absolutamente nulo, que no hay nada que yo pueda hacer o dejar de hacer para que algo en vos vuelva a encontrar en mí lo que se necesita para que estemos nuevamente juntos. Sin embargo, acá estoy: escribiéndote, mientras tus pies, esos de los que no puedo acordarme ahora, caminan otros pasos que ya nada tienen que ver con los míos.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Los planos

Mientras pensaba en la reflexión que hace Piglia sobre la escritura interrumpida y me preguntaba si esa no será la característica de toda escritura, tuve una especie de visión que casi me atrevo a nombrar epifanía, pero no, no es para tanto.

Describo aquí la imagen que tuve con el objetivo de ir poniéndola en claro, a ver si va cambiando de color, se enturbia o se hace cristalina; claro que falta revolver todavía, dejarla hervir y agregarle condimentos, no sé.

La visión es la de un sujeto que se desplaza en un plano, mientras el mismo sigue el movimiento (como una sombra o un espejo) en otros planos. El sujeto no puede detener su desplazamiento, pero puede atender conscientemente a un plano por vez. Como en los videojuegos (que palabra antigua) en primera persona donde el personaje está siempre en el centro de la pantalla y el resto se mueve y gira alrededor; se avanza y retrocede, se gana y se pierde, se sube o baja en los niveles. Lo que sucede también, en esta mi imagen y no en los juegos, es que lo que se mueve en un plano está moviéndose en otro a su vez, aunque la atención del sujeto -diría su "yo consciente"- está en un solo nivel, su integralidad está en un movimiento sincronizado en todos ellos.

Mientras me muevo y resuelvo cuestiones en el plano familiar, están moviéndose a su vez significados y conexiones en el plano laboral, personal, de afectos, sueños. La imagen es la de una columna que atraviesa varios pisos y, aunque el foco esté en uno, se desplaza continuamente en un solo dibujo por todas las superficies.

Los planos, a su vez, no son paralelos sino que, con ondulaciones y depresiones, se cruzan entre sí y suman significaciones y símbolos de unos a otros.

En esa complejidad de movimiento se dan las relaciones también y, con suerte -con muchísima suerte-, el encuentro tiene lugar en el mismo plano o, mejor dicho, en el plano superpuesto similar de uno y el otro, aunque también puede existir encuentro (de estas dos columnas que son los sujetos) con impactos múltiples en todos los planos, pero la atención de uno puesta en un lugar y la del otro en otro. Lo que no escapa es el cuerpo, que siempre está en todos los lugares y acusa recibo del movimiento y del encuentro.

Pensaba en esto también y en la linealidad del texto, donde no es posible escapar totalmente al sintagma. La hipertextualidad surge como una interrupción de un sintagma por otro, en la intercalación de una linealidad con otra y no en la superposición, la superposición no es de la línea sino de los planos, de cómo este texto que leo con una intención y con un foco, está a su vez ¿inconscientemente? también en impactando en todos los otros.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Pancito

Levanta el pancito con las dos manos y lo muerde con deleite. No lo abre con los dedos ni lo unta con manteca, simplemente -como si fuera un alimento sagrado- lo sostiene con los dedos largos y flacos de ambas manos y lo muerde con delectación. Con la servilleta en las rodillas, los pies rectos uno al lado del otro, bien sentado, como un buen alumno escuchando la lección, sorbe la sopa y, de tanto en tanto, deja la cuchara a un lado y vuelve a agarrar el pancito -del que va quedando muy poco- y repite la ceremonia para comer otro pedazo.

Mientras va acabando su plato, el alma se le aquieta, se secan las gotas de lluvia que todavía llevaba pegadas en la frente y va mimetizándose con el ambiente del restaurant del hotel céntrico.

Nadie podría sospechar, ni la pareja que come sin mirarse en la mesa contra la ventana, ni los tres viejos que hablan lento de historias y ya no se escuchan entre ellos, ni el gordo solitario que ojea un libro con desgano mientras apura un café, ni los mozos serviciales, el conserje más allá con un sueño que se cae, nadie podría suponer que ese hombre desgarbado y gris, ha matado a alguien esa misma tarde.

martes, 14 de diciembre de 2010

Lluvia

Escritor en transe, escritor en tránsito perpetuo.
Hay dos estaciones en Bogotá: está la de lluvias y la de muchas lluvias. Ahora está en la de muchas lluvias así que uno puede considerarse feliz si ve el sol en algún momento del día.

La lluvia es llave a otra dimensión. En la escuela 182 Martín Miguel de Güemes (ahí aprendí lo que es la diéresis) había días de lluvia en los que nos juntaban varios grados porque quedaban pocos alumnos y, mientras las señoritas hablaban de cualquier cosa, nosotros dibujábamos con ceritas (crayones) en esas hojas canson porosas que tanto quiero. Y todavía me pasa, esa sensación de novedad y libertad que viene con el olor a lluvia y que en la actualidad no tiene tanto asidero. Igual pienso muchas veces a ésta como la excusa perfecta para cualquier retraso: "Es que... ¡vos viste cómo llovía!"

domingo, 12 de diciembre de 2010

Lunes

No se hagan ilusiones, los lunes ya no son tan "happy mondays", tal vez deba intentar tomar café y leer la sección de deportes de cualquier diario, hablar de todo lo que comí el fin de semana y de las próximas vacaciones. Tal vez, pero no creo.

Domingo

Llovió parte de la noche y el aire está fresco y limpio, dos cosas muy raras en esta época del año y en esta región del país, respectivamente.

Un domingo para aprovechar de cabo a rabo, aun con los sinsabores de partidas y sensaciones encontradas, de las tanta ambigüedades que llegan siempre a mí, ahora veo, como una manifestación de mi personalidad profunda.

El mundo adquiere sentido, para mí, en los prolegómenos (me encanta esa palabra, llena la boca aunque uno la lea en silencio) y en los recuerdos. En el presente, en la acción, no hay mucho tiempo de pensar y reflexionar, el sentido se da espontáneamente ahí, subrepticiamente (otra palabra que rebota profundo), y uno sólo lo ve cuando tira el hilo por delante o por detrás.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Una calle que nadie sueña

En Montevideo hay una calle, una sola de las tantas que uno recorre como en un sueño, que no forma parte del sueño de nadie. Nadie puede soñarla, ni la señora que vive enfrente, ni el verdulero de la esquina, ni el taxista que la recorre; nadie.

En esa calle que nadie sueña, hay un chico que canta, con una lata donde junta monedas y a veces usa como acompañamiento de percusión. La última canción que le escuché decía, con un ritmo complicadísimo de repetir, pero simple en la voz del negrito botija:


Sueña que sueña la casa
hace del día un volcán.
Tu pelo que es huracán
no deja que yo te abrace.

Haces del mundo un lugar
tan fácil de ser vivido.
Vos sabés, yo nunca olvido
y vivo en tu olvido quizás.

Sepan tu vieja y tu viejo
que yo te quiero denserio,
no será serio mi canto,
pero es mío y es verdad.


Sonaba lindo cuando lo cantaba él y escrito así se lee horrible. Creo que son cosas que pasan con la transcripción.

Algo más me sucede y es que no puedo encontrar al negro cuando llego a Montevideo. No es que no me encuentre con él, no puedo encontrarlo, esto es cumplir la acción de buscar y encontrar. Se me aparece cuando camino pensando en otra cosa, "enmimismado" caigo en cuenta de la calle en la que estoy y escucho su voz. Después vuelvo a perderme en otras pasillos y salgo a cumplir con el objetivo explícito del viaje.

La canción permanece por debajo, socavando, por persistente y por mala. Me quedo pensando en eso.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Más tarde y qué...

Hay gente que se cree que es fácil, así como así. Que agarrás lo primero que viene a la mente lo ponés ahí y que solito va haciendo un firulete, un sonidito por acá y por allá y que todo cierra perfecto después como por arte de magia o accidente.

A mí no, no me sale así. Tengo que poner un poco de piel acá y de sangre allá, sacudir tantos miedos que muchas veces pienso que no vale la pena ni para mí ni para nadie y que suena feo, simple, retorcido, amargo, tonto, jocoso, suelto, insulso, vehemente, profundo, aburrido. Me vienen a la mente tantos y tantas que lo hacen e hicieron mejor, más lindo, más fácil, que no sé, viste, me da por tirar todo al carajo y dedicarme a ser un tipo serio, calzarme la corbata y la valijita y "vender humo", como me dicen algunos.

Pero después caigo así, como en una desgracia por no sentarme y poner un dedo tras otro, por hacer tanto ruido para tapar lo que nadie puede decir sino yo y vuelvo acá, a vaciarme de mi mismo, a ponerlo todo sin tapujos, a escribir.

jueves, 9 de diciembre de 2010

En un minuto

Queda un minuto para las 11:45 y algo voy a poner en esta entrada. La imposición de publicar no da tregua en un medio tan serio como Filigranas. Habrá que publicar o perecer en el intento. ¡Perecí! (qué palabra más horrible).

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El error

Entre esperas y viajes me devoré "El error" de César Aira. El Salvador como excusa, personajes increíblemente compuestos, realismo mágico con ironía y el mejor humor. La verdad es que es un libro absolutamente disfrutable y para ser leído de una sola sentada.

Una imagen de viajero, en ojos de un delincuente/héroe popular, es un avión que pare mil pequeños aviones en el cielo para distribuir sus pasajeros en los múltiples destinos. Una figura de la dispersión, la ubicuidad y el viaje con sus casi infinitas combinaciones.

La selva, las dimensiones -físicas y morales- de los personajes se entraman en un ejercicio sutil de historias que galopan a ningún lugar y a todos: la soledad y la muchedumbre.

Una sola cosa me jugó de punctum terrible. Una mujer poco instruida, frente a un científico diminuto, concluye que él no tiene inclinaciones sexuales hacia ella porque su libido se ha puesto en el trabajo. Me rememoró a asociaciones demasiado porteñas, a un mundo comentario anclado a una realidad lejana a la del relato. Me sacó del texto, pero tal vez sea yo y no Aira.

martes, 7 de diciembre de 2010

Museos en Bogotá





Del 7 de noviembre.

Ayer recorrí el Museo de Arte Colonial y el Museo Botero de Bogotá. Primera cosa que me impactó fue que ambos fueran de entrada gratuita. Y, en el de Arte Colonial, una sala específicamente dedicada a las migraciones desde Europa, los linajes en América y el mestizaje: negro, indio, zambo, mestizo, chino, lobo, son algunos de los nombres que adquirían los hijos de indios y europeos, africanos e indios, mestizos y africanos. En una sala, parte de una proyección de un procedimiento de limpieza de sangre o de acreditación de linaje es proyectaba sobre la superficie de una cama y me pareció un recurso genial porque, finalmente, de lo que se habla cuando se busca esta explicación de paternidad es saber con quién se ha acostado quién, para dar el estigma a los hijos de las acciones de los padres.

Voy a volarme un poco, si es que esto no se fue absolutamente de tema, y me quedo pensando en el poder de la iglesia católica en ese entonces y en la visión preponderante del valor de la persona por lo que sus predecesores han sido: el valor de lo que viene en la sangre, se transmite con el sexo y condiciona a las personas. Es claro que el valor de la persona por la persona misma, el individuo, es un concepto moderno que vendrá después con el proceso que incluyó a la revolución francesa como ícono. Hasta ese momento: "honrarás a tu padre y a tu madre" es un mandato, pero también -y tal vez mucho más- una condena implacable, para bien o para mal.

En el museo Botero, sin relación con el que nombraba más arriba, me impactaron mucho más que las obras del mismo artista, algunas donadas por él de su colección personal: Miró, Picasso, Klimt, Degas, Max Ernst y varios más; pintores cuyas obras pude ver por primera vez en vivo y en directo, y no reproducidas en un libro o a través de Internet. Tal vez sea por un desplazamiento común en mí, como si pudiera entrar a la biblioteca de un escritor y espiar sus libros, ver la lista de sus preferidos y entender desde ahí cómo construye su obra, o no.

Hoy voy a visitar el Museo del Oro y espero traerme una buena impresión ya que me lo han recomendado con intensidad.

Las imágenes son de pinturas exhibidas en el Museo Botero de Bogotá.
Hoy no. Llamame mañana y hablamos.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Los mundos subterráneos


Del pasado 6 de noviembre.

Cuando me toca vivir las experiencias de hoteles y lugares de donde estoy muy atendido, con reglas estrictas, sonrisas preparadas, servicio de calidad, siempre quedo atento a la trama subterránea que da vida a esas superficies. Un hotel de varias estrellas, donde botones y recepcionistas lucen esmeradas sonrisas y gestos bienhumorados, siempre me lleva a pensar en dónde viven ellos, cómo son sus vidas, sus familias, su trato por fuera del ambiente profesional que los contiene. Me quedo pensando en las relaciones de poder dentro de la jerarquía de los roles que cumplen, en los códigos internos.

Me pasa también en cualquier grupo humano, pero más claramente en este tipo de lugares, donde la interacción con "clientes" y "pasajeros" está tan claramente definida. Más allá de que me acostumbro al trato y la forma en que todo está servido, algo no me cierra del todo. Otra vez los hilos y la puesta en escena.

Ayer salí a caminar un poco, un par de cuadras alrededor del hotel. Como está en una zona de oficinas no hay mucho para ver y simplemente me recorrió el temor de lo desconocido, de militares armados para la guerra, oficiales de seguridad con perros para detectar explosivos (hasta cuatro por cuadra). Hoy intentaré salir un poco a conocer la Bogotá vieja y pasear por la ciudad.

Mi perra Tulip

Terminé de leer el libro de J.R. Ackerley que lleva ese título. Seguí con escepticismo la primera parte de la relación de él con su perra, para ir cayendo rápidamente en cuenta de que Tulip es la única compañera que el personaje tiene en su vida y que esa relación tiene sentido recíproco para ambos.

La explicación pormenorizada de la vida sexual de la perra, sus celos y amoríos, me produjo una especie de desenfoque, como cuando escucho a alguien dar vueltas sobre un tema para evitar otro o para poder nombrarlo enmascaradamente. De quien relata en primera persona poco se sabe, pero se entiende, a través de esta compañía permanente y los avatares del animal, mucho más de lo que una autobiografía podría transmitir: caminatas, parques, embarcaderos, rutinas y contemplaciones que, en un modo que no podría ser más inglés, lo dicen todo.

Para terminar el libro me encuentro con el comentario de César Aira en la contratapa y, en esa relación extraña que los libros entablan entre sí, me dispongo ahora sí a comenzar a leer "El error".

domingo, 5 de diciembre de 2010

Hace 11 años

Tomar onces hace once años en Avenida 11 de Septiembre.

Sueños terribles, noche de poco sueño, sol ancho en el cielo e inflamación en todo el cuerpo. Una memoria de otro físico que quiere expresarse de alguna manera. Me cuesta cerrar las manos y también pensar con claridad.

Memoria de olores, de aire denso y sequedad, de metros silenciosos, de soledad.

Del vuelo y demás yerbas

Una entrada que viaja del pasado, del 5 de noviembre.



3:15 AM
Sin pensar mi cursor se detiene en tu nombre. Nombre que había pensado olvidado en alguno de los trámites preparativos del viaje que emprendo hoy, con el ánimo de encontrarme nuevamente conmigo mismo. Me siento a escribir tu nombre en la somnolencia y la fantasía que este paraje inhóspito del aeropuerto presenta a mis ojos.
Tu nombre me llama, me invoca y yo, acompañando el ritual –y eso que evito toda forma de ritual y rutina– veo que renegando he construido a su vez una especie de letanía, de canto que se vuelve una oración antigua, una especie de mantra: literatura.

Los pasajeros nos miramos y nos entendemos, en esta realidad de esperas y agotamiento. Los que parecen salidos de una especie de fábrica de espectros y duendes son los que atienden en los escritorios, personas jóvenes con expresiones exageradas, que se mueven eléctricamente como golpeados por resortes internos que los hacen saltar de una posición a otra. Debo evitar el intento que surge automáticamente de buscarles encastres y perillas, botones y bisagras. Los autómatas sellan, reclaman, indican y ahí voy yo a hacer lo mismo. Por suerte, me he comprado ropa adecuada que tapa mecanismos y engranajes, disimula cables e hilos. Todo es natural, todo esto soy yo también.
Éste soy yo también, el que se deja llevar por el titiritero, el que es el titiritero, el cable, la mano, el teatro y las bambalinas. Todo esto soy yo y no, porque cuando quiero asirme, observarme como una totalidad, me desvanezco en el aire.
Enfrente de mí, alguien que no soy yo, una mujer, se abstrae en la punta de sus zapatos. Su piel es oscura, es negra. Al lado otra mujer y enfrente de ellas un hombre con su mujer. Hay cuatro mujeres que viajan solas y yo soy el único hombre que viajo solo. ¿Haré este cálculo pensando en si tengo posibilidades de estar con alguna de ellas? ¿Cómo si quisiera estar con alguna de ellas?
La conexión inalámbrica del aeropuerto es paga y no pienso pagarla por lo que estas intervenciones saldrán a la luz cuando consiga alguna conexión gratuita en la escala de Panamá o en mi destino en Bogotá.
Ahora voy a leer un rato porque estoy demasiado cansado como para producir algo sensible o inteligente, algo digno.

***
1:10 PM
Nos acercamos al aeropuerto de Panamá, desde donde deberé tomar otro vuelo hacia Bogotá para comenzar el trabajo con mis compañeros y clientes. Me duermo, como desmayado, y después me despierto sobresaltado. Esto varias veces en cada vuelo. Leo un poco, estudio y vuelvo a dormirme.
En una de esas inmersiones tuve un sueño terrible, que no sé si estoy preparado, pero bueno, aquí va. Gente de estómago sensible, abstenerse de leer el contenido entre los corchetes.

[¡Están locos, no voy a poner el sueño acá! Qué se creen husmeando en mí intimidad de esta manera. Ya van a ver.
Siguen acá, bueno… a ver si se la bancan: Manejaba un camión enorme, lleno de combustible o algo explosivo por las calles apretadas de Puerto San Martín. Iba hablando con alguien a mi lado y comiendo una galleta crocante, que en un momento me daba cuenta hecha de cáscaras de moco seco. Distraído por esto y por la charla veía como un auto, delante del camión, realizaba una maniobra brusca y me obligaba a dar un volantazo para no atropellarlo. A pesar del movimiento brusco, el camión se deslizaba a un lado y a otro con gran prestancia, y yo reflexionaba –en el sueño o en el momento de escribirlo, ahora no lo sé– en cómo la tecnología de esos vehículos permite este tipo de movimientos con seguridad.]

Sano el tipo, parece.

Algo se transforma en mí durante los viajes, a través de una sensación de perspectiva enriquecida por una mayor amplitud “scope” y, a la vez, mejor foco. Hoy veía las nubes desde el avión, sus diferentes niveles y alturas, como ganan otra dimensión desde el cielo, lo mismo con los lugares. Los Andes que se proyectaban a lo lejos como moles imposibles, fuera del plano en que se transforma todo lo demás.

sábado, 4 de diciembre de 2010

viernes, 3 de diciembre de 2010

Encuentros

Tener un libro nuevo para empezar a leer me produce una emoción difícil de explicar. Es como tener en la mano el pasaje a un viaje del que no está seguro el destino; tal vez algún pasajero, algún paisaje comentado por otro, pero todo se plantea como un trayecto con resultado incierto y una ruta inexplorada.

No es lo mismo que me pasa con una entrada para el cine o el teatro, el acceso a un museo o una muestra, todas cosas que disfruto, y mucho.

Empezar un libro es como tener una primera cita con alguien: podés haber hablado por teléfono o intercambiado gestos sociales, pero la posibilidad de intimar o enamorarte, así como la de aburrirte o detestar a alguien mueve fibras mucho más intensas.

Eso me espera ahora con "El error" de César Aira. Después les cuento cómo nos fue.

jueves, 2 de diciembre de 2010

El ser


Tampoco estoy de acuerdo con Descartes. Uno no es lo que piensa, ni cuando piensa. Lo que uno es es mucho más complejo e intrincado que eso. Uno es la trama, el aire entre las células del cuerpo, la electricidad que se mueve desde y entre. Es el deseo, la reflexión, la furia, la calma, el hambre y la saciedad momentánea.
Uno piensa desde el cuerpo, desde el deseo, con eso y con los demás. No existe la razón pura. Creo que hay que leer menos Descartes y más a Nietzche, entender que somos voluntad y movimiento, que se piensa caminando, que hay que probar y errar.

Uno no es sólo lo que escribe, es cuando escribe, cómo escribe, dónde, por qué y para quién. Uno es cuando lo leen a uno y cuando lo olvidan. Uno es cuando ama, odia, duerme, sueña, coge, canta, corre, habla. No se puede ser menos o más, ni pensando ni dejando de pensar. Se es y lo grandioso es cuando uno toma conciencia de ese ser, ese destello entre dos nadas, esa palabra entre tanto silencio: una vibración, un espasmo, un orgasmo, la posibilidad de una mínima memoria y un eterno olvido.

Velorio

Aporte de Jaquelina Miranda a Filigranas, una colaboradora que eleva el nivel de esta publicación.

Velorio

Una noche en vela es la espera de un final irreversible, de una despedida. Velar a alguien es pasar con esa persona las últimas horas, observándolo, adorándolo, deteniéndose en cada detalle de su rostro, en sus ojos bien cerrados (como la película), en sus manos si es que se las puede ver, en su boca rígida y recordarla abierta, hablando, comiendo, besando, recordarla en movimiento, viva. El velado está tieso, simplemente descansa. El que vela, en cambio, deambula inquieto, observa sin cesar como queriendo retener esa imagen para siempre, acaricia si se anima, llora, piensa, repasa lo vivido con esa persona, recuerda anécdotas, comentarios, y se resigna a no tenerlo más, se repite una y mil veces para sí mismo: “ya no estará en mi vida”, la imposibilidad de asir a alguien, que es agarrarlo para sí mismo y traerlo contra el cuerpo de uno es desoladora, la falta de contacto es desesperante, es ausencia pura. La ausencia con el tiempo se hace olvido.
La noche de velorio es larga, las horas no pasan más o pasan demasiado rápido y el que vela desespera porque se van con el muerto que es el ser querido que yace ahí esperando que se lo lleven, no se puede hacer nada para detener ese momento ni para postergarlo, tarde o temprano, llega. Va amaneciendo de a poco, se ve una luz tenue por la ventana de la sala que indica que es madrugada de verano y que el final está próximo.
Inquietud de último momento, dolor, ansiedad y agotamiento: todo parece confluir en un estado general de angustia. El muerto, más vivo que nunca en la conciencia del que aún permanece, se va, parte, se aleja, eso sucede en un mero instante. Se cierra el cajón. Desaparece lo asible, la piel, la carne. El resto no es nada, todo lo que queda no es nada para quien ama y pierde el cuerpo de alguien.
La sala queda vacía, permanecen por un rato los olores, las imágenes flotando en el aire hasta que se limpia el sitio y se alista para que pase el que sigue.
Y el que velaba ya no vela más, ahora procesa la ausencia hasta que se convierta en olvido: el duelo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Cri, cri, sol

[Exterior Día (muy exterior y muy día, digamos mediodía).]

Misiones, acto escolar en fin de año. Algunos de guardapolvos blancos, blanquísimos, otros en remeras; zapatillas y pantalones cortos para todo el mundo. Noviembre y un calor de morirse.

El abanderado transpira y se va a desmayar en quince minutos más. La mamá le puso corbata para la foto y él casi no puede respirar. El piso late bajo las Topper de lona.

-Termina un año más en la epopeya educativa y, aunados en el esfuerzo y la voluntad de ser cada día mejores personas, docentes y alumnos llegamos (enfatizando la elle) al final de un nuevo período lectivo -la señorita mira a la audiencia por encima de los lentes, da vuelta la hoja y carraspea-. ¡Quinto grado, nos vamos a quedar todos acá hasta que Ustedes se decidan a quedarse quietos! -grita con una voz increíblemente aguda.

Y sigue y sigue por varios minutos que parecen días para mis orejas ardidas de sol y tinclazos del gordo de atrás que me susurra "cuatro ojos, cuatro ojos", como gran insulto.

En un momento, la directora, sobre el final emotivo del discurso en el que ya han ido ingresando representantes de jardín y preescolar, lanza una frase como una bomba, ilustrada por una ronda de vestimentas típicas enanas que miran desconcertadas desde el escenario: -... en este crisol de razas que es la Argentina, somos hermanos, iguales -entornando los ojos al cielo, arrobada en inspiración divina.

Y veo a mis compañeros, imaginando al crisol como un girasol... no, más grande todavía, como un jardín de flores de distintos colores que hacen a la riqueza y belleza del conjunto.

Pero un crisol no tiene nada que ver con eso, es un recipiente para fundir metales, y la analogía tiene que ver con fundirnos en una nueva raza. Con un país como un recipiente, una nación como un balde de fundición, donde se homogeiniza, se funde, se alía, se aliena, se pierde.

Algo hace ruido en ese discurso a fines de los años ochenta y todavía me hace ruido ahora. No sé si está claro, pero yo no quiero fundirme en ningún crisol.

martes, 30 de noviembre de 2010

El silencio

-Acá, donde ahora no hay nada -dijo señalando justamente el ángulo de su brazo extendido-, acá estaba ella.

Yo lo miré sin entenderlo entonces, lo miré minimizando todo el tema y él, que sólo tenía ojos para ese hueco, empezó a llorar. Así, abrazando el aire, consciente de lo que había tenido.

Ahora miro el portarretrato del que saqué tu foto y viene a mi memoria el olvido de unos versos que tal vez hayas desechado, unos versos en los que me condenaba al silencio de tu nombre, me ataba este recuerdo como un manto de niebla.

lunes, 29 de noviembre de 2010

No escribas más

No me importa lo que pienses vos, la escritura es una terrible molestia. Hoy veo que sólo a quienes les gusta complicarse se lanzan a este mundo. No he tenido, desde que intento hacer de esto un oficio con cierta frecuencia razonable, un sólo día de la escritura apacible de los que imaginé cuando leía.


Igualmente ya el que lee se complica: vive dos mundos, o tres, o cien. Pero es mucho peor para el que escribe, que está partido entre el placer, la necesidad y el trabajo, agradar y pinchar a quien lee, por imaginar distintos lectores, las pocas historias y, que después de descartar todo eso, o con todo eso a cuestas, se mete profundo, donde hay poca luz y menos aire, a abrir esas puertas que el buen sentido dice -y a veces grita- no deberían ser exploradas.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Viajar

Leer, conocer, explorar. Aunque también es importante, en algún momento, ser paisaje y encuentro, para otro que viaja.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Intercambio con Santa

En respuesta a la carta de Mateo, llegó este comentario fresquito del mismísimo Kris Kringle. Un honor para esta columna.
Más abajo encontrarán un intento de réplica a este correo con la intención de dejar claras algunas cosas con el habitante del Polo Norte.

Hola, soy Santa también llamado Papa Noel.
Recibí la cartita de Mateo con la post data incluida. Solo por cuestiones de seguridad te recomiendo que no divulgues ni los números de tu cuenta ni los bancos con los que operas por Internet. Además, no hace falta, acordate que soy Papa Noel...
Como suelo leer tu blog, y me gusta, me tome este tiempito para explicarte como funciona el sistema de delibery de regalos:
1) Santa, Papa Noel, (es decir yo) llevamos los regalos a todas las casas a niños y adultos. Sucede que como los niños escriben la lista de sus deseos me queda el registro en el respaldo maestro, en cambio como los adultos no suelen hacerlo (salvo raras excepciones) es probable que me olvide de algunos.
2) El sistema de entrega de regalos, muy antiguamente era realizado personalmente, hoy en día me resulta imposible, y solo me dedico a hacer diseñar apropiadamente la logística. Para ello tomo la colaboración de padres, tíos, y parientes en general. Si, en vez de ir en persona, mando a los padres a comprar los regalos para sus hijos. Y donde esta el regalo? (me preguntaras). Durante todo el año, voy haciendo pequeñas gestiones para que la cuenta bancaria del colaborador (padre por ejemplo) tenga lo suficiente para adquirir el regalo para su hijo. A veces no me sale muy bien y se notan algunas desprolijidades, cuando todo sale bien, nadie se da cuenta: voy haciendo ahorrar a los padres pesito a pesito, dolarcito a dolarcito, eurito a eurito, poniéndole un poco mas de combustible a su auto, o redondeando a su favor un cambio, o facilitando un negocio. Así, para cuando llega la navidad y la hora de comprar regalos lo pueden hacer sin drama alguno.
3) Claro que algunos padres pese a que les fui dando durante todo el año para comprar los regalos a sus hijos, llegan a la navidad y no compran lo que sus hijos quieren. Y bueno... todo sistema tiene sus inconvenientes y si uno trabaja delegando algunos problemas se pueden suscitar en el camino, pero en general funciona bastante bien. Pero si voy viendo que un papa se esta pasando de vivo y no regala a su hijo lo que pide, para el año siguiente le voy dando cada vez menos previendo que de todos modos no completara apropiadamente el pedido de su hijo y me hará quedar mal a mi.

En tu caso particular, podes decirle a Mateo que no tiene de que preocuparse. No hace falta que le expliques que ya Papa Noel durante todo el año puso platita en la cuenta de su papa para satisfascer acabadamente sus deseos.

Ahora que conoces el sistema, a lo mejor para la próxima me mandas también una cartita.

Saludos y FELIZ NAVIDAD PARA TODOS.

Papa Noel - Santa Klaus.


Querido Papá Noel:
Quiero agradecerte tu comunicación y expresarte mi admiración por la justicia que emana del sistema que has establecido para los regalos a partir de la delegación de la tarea en los padres, así como lo previsor del método que contempla dádivas permanentes y sucesivas en el año para tal fin. Si bien podría discutir el método de penalización, en lo profundo tampoco tengo nada que objetar al respecto.

Sin embargo -y siempre hay un sin embargo, lamentablemente- hay algo que ningún líder puede delegar, en ninguna esfera del conocimiento, las artes, el desempeño o las organizaciones. Hay algo que Napoleón no podía hacer, como tampoco pudo ni puede el presidente de un país, el director técnico de un equipo de fútbol, el gerente de una empresa o un artista. Dalí no podía excusarse en la calidad de las tintas o las telas, Alejandro Magno tampoco podía justificarse en la ineptitud de sus generales, ni Maradona en la poca garra de su equipo. Los líderes no pueden delegar la responsabilidad, ni poner excusas ante los resultados magros.

Si el regalo de Mateo falta y somos los padres los que pondremos la cara en ese momento fatídico, se va a saber a la postre que el problema estuvo en Usted, más allá de la calidad en la ejecución de nuestro papel en el que trataremos -no le quepa la menor duda al respecto- de explicar claramente las razones por las que a su santidad se le ha hecho imposible cumplir con las expectativas. Después de gimoteos y pataleos, rabietas y lágrimas, con razón, Mateo, Julieta o cualquier pequeño podrá, en uso de sus derechos como niño y consumidor de la navidad, exigir hablar con nuestro supervisor ante la afrenta, y nosotros, los abnegados padres, haremos lo posible por evitar que esto suceda, pero sepa que existe la posibilidad y habrá que enfrentarla, llegado el caso.

Por lo demás, aprovecho la oportunidad para saludarlo muy atentamente y comentarle que para las próximas fiestas, me bastará con contar con su apoyo y comprensión.

Saludos,

Esteban Morin



PD. Ahora que encontré tu imagen en Internet me doy cuenta de que realmente sos grande. Si me traés una Mac Book PRO con todos los chiches, podés quedarte absolutamente seguro de que haré una buena representación ante mis hijos en la madrugada del 25.

PD.PD. Pensándolo bien, con un I PAD es suficiente.

viernes, 26 de noviembre de 2010

La calor

En julio uno no lo ve, pero después llega, siempre. Como quien no quiere la cosa, un viernes cualquiera te encontrás, a la entrada de diciembre, todo vestido y con el maletín en la mano, mirando la puerta, tomando coraje. Afuera, a las 9 de la mañana, nos acercamos a los 30 grados. Va a ser un infierno el día. Pero si no salgo, si no salgo hoy, tal vez no salga nunca.

Enfrento la puerta y a un costado, sobre la llave de luz, encuentro un sobre cerrado que alguien dejó a mi nombre. Dejo el maletín el suelo, guardo las llaves en el bolsillo y examino el sobre. "Debe ser una cuestión comercial", pensé, "el banco me quiere vender algo". Sostengo el sobre con las dos manos y lo veo a trasluz. Para esto ya me senté sobre el control remoto y encendí el televisor.

El periodista en la pantalla anuncia una máxima cercana a los 40 grados. Me aflojo la corbata y suelto el primer botón de la camisa.

Abro el sobre y es una promoción para comprar cosas inservibles con la tarjeta de crédito.

"Arranco el lunes", pienso mientras me saco los zapatos y el ventilador me enfría la transpiración de la cara.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Pasó

La ciudad se comió otro día. Saludan los árboles el paso del micro. Atrás no hay nada, adelante el viento acumula opciones inciertas. Lo único es hoy, mi lugar en el asiento y el sol por la ventana.
http://estebanmorin.blogspot.com

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Condena


Texto encontrado, sobre una especie de condena que atravesaba en 2004. ¿Qué habré estado viviendo?


El otro día soñé que escribía en un viejo salón de piedra, como esos viejos monasterios medievales. Hacía frío y los dedos se entumecían. El silencio era el de un cementerio donde retumbaban los sonidos de mi respiración y de la pluma contra la superficie porosa.

Copiaba con tinta roja un viejo original que desaparecía mientras yo pasaba sus oraciones a mi papel. Un momento después ya no existía original del que copiar (es imposible pedir coherencia a un sueño) y era mi copia, mi propia invención, la que se desvanecía cada vez que lograba cerrar una palabra. Como una condena, sobrevenía la inspiración de una frase resolutiva que era absorbida en unos segundos por el pergamino, que se convertía en un cuaderno Rivadavia de a ratos, y me quedaba en el vacío de esa sensación. Un encadenamiento de hechos conmovía mi ánimo ya que necesitaba seguir escribiendo y, a la vez, continuaba viendo desaparecer los senderos de tinta antes de poder leer las frases concluidas.

Una vez despierto, rememoraba la imagen de las palabras perdidas de la misma manera en que hay sueños que se difuminan y sólo permanece la sospecha de la clave inaprensible en la vigilia.


Esteban Morin
Agosto de 2004

martes, 23 de noviembre de 2010

Carta a Santa

Mateo, quiso escribir este mail a Santa (que es el nombre que los chicos dan a hora a Papá Noel con una clara confusión de los géneros y a-dónde-va-a-parar-esta-juventud-decime-vos-che). Aquí la transcripción.

Querido Santa:
Soy Mateo, tengo una hermanita chiquita y te decimos que queremos un avión de control remoto y una muñequita nueva.
Soy bueno y ayudo a mis padres tendiendo la cama. Me lavo los dientees y tambiénjuego con mi hermanita.
Quiero un omnitrix del secreto del omnitrix, de Ben 10. Si no conseguimos un avión y un omnitrix, podemos regalarnos otra cosa (SIC).
Cuando nos vamos a dormir tú vendrás y nos traerá regalos.
Te mandamus un saludo, nosotros nos vamos a dormir y tú vendrás.
OK ya está listo.

MATEO5

PD: Estimado señor Santa: Si es imposible realizar envío de los objetos solicitados más arriba, por cuestiones de seguridad últimamente impuestas en vuelos internacionales, por favor, realizar depósito bancario (wire transfer) a caja de ahorro a mi nombre pesos/dólares: Standard Bank, Argentina. Atte. el Papá

lunes, 22 de noviembre de 2010

Superación


En vez de "Lunes de Superacción", como indicaba el lema del ciclo de no-me-acuerdo-qué-canal, debería ser "Lunes de Superación". Me encantan los lunes, sobre todo cuando traen ese desafío de encarar proyectos y semana. Hoy es feriado y no sabe igual.

Aún cuando el primer día laborable sólo indique el reinicio de una rutina, implica la superación de la constancia y la necesidad de encontrar nuevos enfoques a lo mismo. Sí, estoy sonando a libro de auto ayuda, a mal libro de autoayuda. ¡No importa!
Me doy cuenta de que muchos lunes fui con la cabeza baja a trabajar, con el ánimo por el piso, las ojeras, el paso arrastrado, la taza de café, la bronca, el vacío. Muchas veces negué el buenos días, la sonrisa, el empeño, deseando un corte de luz voraz, un escape, una amenaza de bomba. Algunas veces hice eso con deseo genuino de estar en otra parte y, muchas veces, simplemente por no desentonar, por no quedar desubicado en la mala onda general.

Sin embargo -y siempre hay un sin embargo ¡qué lo parió!- eso es en general para los lunes. Hoy es lunes feriado y llueve; pareciera que nada de lo explicado más arriba aplica.

(La película cuyo póster se reproduce aquí, es muy recomendable.)

domingo, 21 de noviembre de 2010

Complicaciones técnicas


Sé que a nadie le interesan, pero necesito explicármelas a mí mismo, las razones por las que esta mañana no se publicó esta columna. Tuve una serie de inconvenientes técnicos que me impidieron escribir la entrada en el horario correspondiente, así que ahora sale, 12 horas después.

Los previos fueron días de intenso trabajo, a los que se sumó el feriado del lunes (mañana) que siempre me despelota los domingos, todo bien mezclado con el ya famoso corte de electricidad matinal de los días festivos en esta ciudad y se me voló la hora y la publicación.

Vino bien porque esta tarde terminé "La novela luminosa" de Mario Levrero, aunque no terminó bien. Levrero escribe muy lindamente, pero me costó mucho atravesar ciertos pasajes y la repetición de figuras de esta novela, que se estructura como un diario, me cansó. Sé que soy un tipo ansioso, pero a la vez me considero un lector bastante paciente -ahora veo, que tal vez demasiado en algunos casos-. Sí, sé que es una combinación algo extraña, pero no por eso verdadera, me cuesta soportar la espera de muchas cosas, pero admito la de una buena historia que da rodeos intensos para mejorar la trama. En cierto modo, lo que vale la pena del libro es el enorme rodeo, aunque con sus desiertos, para un final que sólo me provocó -y siempre confesando que tal vez no haya sido el mejor momento mío para acceder a esta novela- un arqueo de cejas con levantamiento de hombros y boca en mueca de duda. ¡Bah, quién soy yo para criticar a Levrero!

*** *** ***

En la terraza del edificio hay tres tipos, mirando la calle colgados de una baranda. Dos de ellos fuman sin separar los codos del hierro helado. Abajo Montevideo zumba, gorgojea, chapotea, transcurre en un eco de agua vieja. El del medio, después de un leve tambaleo, se separa hacia atrás y, como si despertara de un largo sueño, extiende sus alas, infla el pecho y se eleva sin esfuerzo para después planear livianamente por entre los edificios. El de la izquierda tira el cigarrillo al suelo y lo apaga con la punta del pie izquierdo.
-Un boludo que sólo puede volar un poco -comenta mientras se sube el cuello del sobretodo y encara para la puerta de acceso al edificio.
-Un aburrido -dice el otro mientras se seca las lágrimas con el dorso de la mano.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Vientos de cambio


Me quedé pensando en cuál será el origen de esa expresión. "Vientos de cambio". Rememora al mejor realismo mágico, a la sensación de que las señales vienen en el viento, en las nubes o en el agua.

Creo yo que si hay un objeto que debe ser indicador de estas modificaciones existenciales, debería ser la cerveza. Se vienen "cervezas de cambio". No está mal, ¿no?

viernes, 19 de noviembre de 2010

Sacar la cabeza

Para sumergirse hay que tomar aire, bien profundo, un par de veces, y después mandar la cabeza hasta el fondo, empujándose con pies y manos, atentos a lo que viene, pero siempre luchando por llegar más allá. Es importante hacer el esfuerzo justo, porque si uno no lucha, vuelve solo a la superficie y en cambio, si se desgasta demasiado, la necesidad de volver a tomar aire se vuelve más urgente. Fluir no es dejarse arrastrar, es cooperar.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Saber

Hay que saber que uno no sabe todo, sabe poco o nada. Lo que muchas veces no sabe es que no saber sabe a mucho, sabe a falta, a ganas.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sueño

Mucho, mucho, pero mucho sueño.
Estaré sin conexión varias horas y estoy obligado a poner este mensaje insípido para cumplir con mi promesa.
Ojalá esté durmiendo a las 11:45 de hoy.

***



Lo anterior fue escrito de madrugada, ahora estoy un poco mejor, sólo un poco. Tengo varias cosas que escribir sobre percepciones latinoamericanas que están incubándose en mí. Como adelanto dejo constancia de los siguientes puntos, que podré ignorar o ampliar más adelante: la pena colombiana, la religiosidad salvadoreña, relaciones entre clima y modos de relación, nacionalismo es comer todos lo mismo, el orgullo de los centros comerciales, maras y mareros, las distintas versiones de la hospitalidad, el alcohol y la paz social.

En esta edición de la serie me detendré en la sorpresa que surge en diferentes momentos -lo hablaba anoche con algunos amigos- sobre el modo en que muchos habitantes de una ciudad recomiendan sus centros comerciales como lugares que un turista debería visitar. Entonces, en Rosario o Buenos Aires, Lima o Bogotá, Santiago de Chile o San Salvador, es importante conocer los malls, ver una y mil veces las mismas tiendas, reconocer las marcas que están a un lado y otro del planeta. No importa que en la plaza a un lado del centro comercial esté la obra de un escultor que simboliza el dolor o la pasión de ese pueblo, es inútil preguntar por el lugar donde los primeros españoles desembarcaron y armaron el primer fuerte de la conquista, que después utilizaran los revolucionarios, o el jardín botánico o el mar, el cerro, el volcán.

En un arrebato de bronca, me imaginé que me recomendaran pasear por un aeropuerto, el lugar más impersonal de cualquier ciudad, el más parecido a otras ciudades del mundo. Es como sugerirme comer en una casa de comida rápida cuando puedo probar pupusas, patacones, tiraditos y ceviches. Supongo que para ese tipo de recomendaciones hay un tipo de turista, que busca lo conocido, que quiere comer milanesas con papas fritas en la India y sacarse una foto con el payaso de las hamburguesas en Medellín, seguramente. A mí no, no.

martes, 16 de noviembre de 2010

Epaminondas



Me acordé del personaje de este cuento mientras intentaba recordar otro relato de la infancia. Vino a mí la imagen de mi abuela paterna, que era a quien le pedíamos que nos lo contara una y otra vez. El absurdo absoluto de este cuento, del fuera de tiempo del negrito que siempre aprendía tarde las instrucciones o las aprendía tan bien que no podía salirse de las instrucciones, el racismo evidente de fondo que ve en el negro la ignorancia, la pobreza, la idiotez y la furia, me une al lugar de donde todos venimos.

Aquí encontré una versión de la historia. ¿Alguien conoce alguna variación de la misma?

Ayer mi hermana menor se graduó como médica y mi inconsciente me lanzó al pasado, a la infancia. Tal vez como forma de intentar no volver al presente y escapar del paso del tiempo. Estos relatos primigenios forman esos pilares sobre los que se fue construyendo toda la estructura posterior del lenguaje. Fuerte encontrarlos, ¿no?

lunes, 15 de noviembre de 2010

Tonto el que lee


Sigo leyendo a Piglia y viene a mí una pregunta sobre cuál es la diferencia entre lectura y escritura. El autor viene explicando el modo en que funcionan los policiales donde la figura del investigador privado como personaje solitario que devela, en la lectura de las situaciones -y muchas veces en la lectura específica de diarios, textos y pistas- la trama del misterio.

El escritor es también una especie de investigador que se lanza a unir los puntos y a dejarlos ahí para que el lector los recorra, lo reedite. Más allá de la historia superficial, es la trama oculta -muchas veces para el mismo escritor- la que es reconstruida por el lector, que la reinventa y obtiene nuevos sentidos en la lectura.

Puesto así, había surgido en mí la duda de cuál era la diferencia real de escribir y leer, ya que como acto de dar sentido, ambas parecen acciones con el mismo resultado. Sin embargo, dos líneas nuevas de pensamiento surgen. La primera es pensar que la dirección de las acciones tienen dos sentidos distintos: mientras la lectura es hacia el mismo lector, o sea que sujeto y objeto de la acción son la misma persona, la escritura es siempre hacia un otro, sujeto que dedica a un otro. Un otro que normalmente es una mujer, al parecer de Piglia y en relación con la historia de varios autores hombres. Más allá de que afirmar lo anterior es caer en una generalización simplista, recuerdo ahora a Bordelois y su explicación del eros del lenguaje que engendra: "la palabra que engendra". El que escribe la palabra es "el hombre" que engendra en "una mujer" que lee.

Escribo queriendo provocar algo en alguien y muchas veces viene a mí una persona específica, aunque me es indispensable olvidar el destinatario para dar algo bueno de mí, como es necesario dejar de intentar complacer al otro para poder tener buen sexo. Al final escribir es más pornográfico que cualquier otra cosa. Ahora entiendo por qué siempre me gustó tanto leer y escribir. En vez de "tonto el que lee" como escribía el duende por toda la ciudad, deberíamos decir "penetrado el que lee". Penetrado y embarazado por una palabra que es germen, parásito, luz e impulso de otras palabras.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Correr para oxigenarse

Me voy a correr un poco para oxigenarme. Me desperté como embotado y cansado. Con una luz terrible, implacable, que entra por la ventana.

***

¡Funcionó! Ahora estoy energizado y listo para desayunar. Escucho las campanas de una iglesia llamando a misa. Las cosas mejoran. Recuerdo que soñé cosas mezcladas, un gran embrollo.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Basta de estudios truchos


En La Nación de hoy, se publica un típico artículo reaccionario del tipo de diario que cada vez me gusta menos, relacionando los hábitos de los adolescentes hiperconectados con problemas de salud físicos y psicológicos.

McLuhan termina teniendo siempre razón: "los medios son extensiones del hombre" y el uso, consumo, apropiación, que cada generación hace de los recursos tecnológicos disponibles no es sino una manifestación de su naturaleza. Un joven de los 80 que se alienaba con la TV y los videojuegos, en los 90 con la TV, en el 2000 con Internet y ahora con los teléfonos celulares que incluyen todo lo anterior, es el mismo que se alienaba con las novelas en el siglo XVIII o con las tertulias en otro momento.

No, señores, no. No todo tiempo pasado fue mejor. Cortemos con ese pensamiento que atrasa (como sentencia Rozitchner).

Si te hincha las pelotas que tu hijo no te preste atención porque está conectado con el MP3 mientras manda mensajes por celular y revisa facebook, mandale un mensaje vos a su facebook desde tu black berry y armá un plan con él.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Entre nos, entremos


Se acerca fin de año, no hay escapatoria. Noviembre es el mes para encarar lo que todavía no pudimos resolver y queremos hacer durante 2010. En diciembre ya no habrá escapatoria y las cosas serán terriblemente precipitadas.

2011 será año impar, lo que según entiendo es bueno para comenzar cosas y arrancar de nuevo. Nací en año impar y creo que ha sido bueno para mí, justamente porque no podría elegir haber nacido en otro año.

¿Qué elegimos? ¿Qué surge así como inexplicablemente en nuestras vidas? ¿De qué cosas somos verdaderos protagonistas? ¿Quién, de todos los yo que habitan en mí, es el que vive y decide en cada momento? ¿Es posible estar conectado realmente con un momento? No, claro, absolutos no hay, nunca. Salvo en este absoluto planteo de que no hay absolutos, no hay certezas.

Igualmente, se vuela 2010. Saludemos su salida triunfal recordando que se terminó la primera década del milenio que traería el fin del mundo. Hay más tiempo que vida, ¿no?

jueves, 11 de noviembre de 2010

Arena


Se sacó los zapatos calzando la punta del derecho en el talón del izquierdo y después con los dedos del pie desnudo empujó del mismo modo el derecho mientras ya iba cayendo de espaldas en la cama. Permaneció un instante mirando el techo de la habitación hasta que sus ojos, secos de cansancio, se cerraron.

Caminaba un pasillo interminable. El ruido de sus zapatos golpeando en la loza brillante retumbaba en las paredes desnudas de ese corredor brillante. Le ardía la luz de todo el lugar y apenas si podía avanzar. Tanta blancura comenzó a ahogarlo y se llevó la mano al bolsillo en un reflejo por verificar que el aplicador del medicamento contra el asma estaba a mano. Comprobó que estaba desnudo y un escalofrío le recorrió la espalda. Un zumbido penetrante salía de las paredes, una vibración a electricidad recorriendo el mismo espacio que él caminaba lentamente ahora, dudando de la dirección que parecía tan certera.

Dio vuelta la cabeza y el paisaje se repetía a sus espaldas: una distancia interminable que seguía en línea recta, paredes perfectamente blancas y luz insoportable. Volvió la vista al frente y apuró el paso. Sin darse cuenta, luego estaba corriendo desenfrenadamente en la única línea posible, comprobando que el panorama se repetía sin cesar.
Se detuvo apoyado contra la pared de la izquierda, estaba helada. Apenas podía respirar y el zumbido envolvente apenas persistía debajo del silbido desesperado de su respiración. Volvió sobre sus pasos dubitativo, ¿volvía o avanzaba? Cayó al suelo un poco más allá.

Por un minuto agradeció que la blancura estuviera cediendo un poco. Hasta que se dio cuenta de que la oscuridad era causada por un inminente desmayo. Se recostó boca arriba, estirándose sobre el piso duro. El corazón le golpeaba las sienes con un ritmo enloquecido de semifusas torpes. Quería llorar y no podía. Bajó una mano al suelo y sintió un grano de arena, uno solo sobre el piso limpísimo de interminable pasillo. Lo apretó con el índice y lo levantó hasta el rostro. Era eso, simplemente, un grano de arena. Se lo metió en la boca y lo tragó, percibiendo como pasaba apenas por las paredes dilatadas de la garganta.

Se despertó en la misma posición en la que había quedado, con los pies colgando de la cama. Estaba hecho sopa de transpiración. “Qué mierda”, pensó mientras lograba levantarse con mucho esfuerzo y medía la intensidad del dolor de espalda que apenas lo dejaba moverse. “Una mierda”, dijo en voz alta mientras el grano de arena bajaba lento hasta el estómago y le daba un poco de paz.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La seguridad del proceso


Hay, como muchos ya saben, una ambigüedad compleja que vive en mí, en muchos aspectos. En lo laboral, esto se traduce en una tensión permanente entre la búsqueda de la innovación y la creatividad, y la seguridad que dan los procesos casi automáticos en los que tomo responsabilidad. Anarquía vs. rutina, creatividad vs. fórmula, innovación vs. mejores prácticas.

Igual, ver estas cosas como dualidades extremas, como opuestos complementarios, no hace sino evidenciar también la búsqueda de una estructura que explique lo -muchas veces, por suerte- inexplicable.

¿Por qué hay que oponer las cosas? ¿Por qué es necesario dividir placer y trabajo, por ejemplo? Hay otras opciones, debería haberlas.

Da seguridad estar en proceso, porque al menos no me siento en medio de las situaciones sin poder tomar decisiones.

martes, 9 de noviembre de 2010

Noche de sueño



La avispa cortó nuestra cola, la cola que la gente en un principio llevaba. Todos teníamos cola. Le cortó la cola a la rana y también a nosotros, que así nos convertimos en seres humanos. Finalmente se cansó de tanto cortar y a partir de ese momento los hombres que aún tenían cola se transformaron en micos churucos.

Uitoto, Vaupés


Anoche fue la primera noche completa de sueño; poco más de cinco horas de corrido. Tuve que llegar exhausto a la cama para poder entrar rápidamente al mundo onírico. Ahora seguiría hasta el mediodía.

lunes, 8 de noviembre de 2010

En altura


Uno tiene que oxigenarse de otra manera. No sé, me parece. Un dragón es un hombre o al revés, no importa. Tiene muchas caras, pero una sola naturaleza animal.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Domingo y llueve


Un viejo relato, una semilla del año 2002. Ahora creo que escribo de otra manera, pero no sé si tanto. Tal vez debería volver a esta forma. Coincide que es domingo y estoy llovido.


Es domingo de otoño y llueve. Buenos Aires es terrible cuando llueve. La ciudad se convierte en un lugar crudo y transparente. No sé si es la humedad que penetra y se siente unos centímetros debajo de la piel o es la propia susceptibilidad lo que transforma a las calles y edificios en formas fofas de un paisaje surrealista.
El agua no cae desde el cielo, Buenos Aires se zambulle en ella y todo adquiere ese color traslúcido que deja que la vida sea tan simultáneamente fútil y agria. La vecina castiga a su piano y casi puedo verla inclinada en su banco haciendo sufrir el teclado con su abandono. El portero mira a través de los vidrios de la puerta apoyado sobre el palo de su escoba, con el mentón sobre su mano. Seguramente recuerda mil sueños herrumbrados e inútiles, y se escapa al mundo que él cree debería haber sido, pero no fue y nunca será.
Yo transparente también, intento ocultarme tras las paredes de cristal de este departamento y acepto esta desnudez a duras penas. Los desnudos edificios, bañados y blandos, desprenden ese olor acre de su horrible vida. En las personas se repite esta historia y lanzan su incontenible pena por los ojos, en cada movimiento, en cada palabra. Nada escapa a esta humedad implacable.
Mañana será lunes y es posible que el sol aparezca para secar las transparencias. Tal vez inunde con su irónica luz los cuerpos y las calles, reconstruyendo la máscara que se ha corrido hoy. Pero todavía es domingo y llueve. Realmente no sé que es mejor. Al menos hoy no es posible ocultar nada.

Mayo 2002

sábado, 6 de noviembre de 2010

Literatura como interrupción


Leo a Piglia en "El último lector" y me disparo con la imagen de Kafka y sus cartas a Felice, en las que la seduce y aleja, y el ejemplo de una lámpara citada en un poema chino que le envía a ella donde la mujer se irrita porque el marido lee en la cama y pierde noción del tiempo.

Me pregunto ¿quién interrumpe a quién? Porque por un lado, como suelo observar y quejarme, siento que la vida familiar, la rutina de trabajo, las mil distracciones del mundo atentan contra mi deseo de escribir y leer, de conectar con la literatura. Y vienen a mí imágenes de la infancia cuando soñaba con ser militar o religioso, hermitaño o preso, para encontrar la soledad de la disciplina, el claustro, la celda o la cueva, desde donde poder crear puramente. No han sido pocos los que han escrito desde el encierro o el exilio, en una especie de desconexión del mundo que ha colaborado con su concentración.

Ahora, por otro lado, la literatura, el acto de leer y escribir, también es una distracción del mundo, una forma de construir uno nuevo que no existe, transportarse, alienarse, no estar. Es como una adicción con las mismas características que los juegos de video, algunos deportes, la comida. Una experiencia de satisfacción momentánea, que puede ser más o menos duradera, que irrumpe en el trajín de una vida social, laboral y familiar que le es, muchas veces, absolutamente ajena.

¿Quién interrumpe a quién? ¿Es el lector que molesta con su lámpara e interrumpe el sueño u otros planes de su pareja? ¿Es el que reclama por la hora que interrumpe esa conexión con el arte y la literatura?

viernes, 5 de noviembre de 2010

Enrosque en 1145




-Hay noches que se cargan de una electricidad rara, ¿viste?
-Sí... ¿sabías que hay un vuelo a Kuala Lumpur pasa por Ciudad del Cabo?
-No.
-Te dejo pensando en eso, nos vemos mañana.

Esta sección ha sufrido un disloque temporal y artículos que deberían publicarse entre el 5 y el 17 de noviembre serán publicados en las mismas fechas y horarios, pero del mes de diciembre. De esta manera, el mes de diciembre duplicará las entradas por día, durante el 5 y el 17.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Offline airline

Todos los titulares de este blog se encuentran ocupados en este momento. Si todo sale como esperamos, a varios metros sobre el nivel del suelo volando tranquilamente.

Por favor, comuníquese más tarde o diríjase a otra publicación cercana para más información sin valor ni importancia.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pre viaje



Decidido a abandonar el enojo, me dedico desde ayer a cerrar cosas y hacer listas por mi próximo viaje. En unas horas estaré sobre el avión rumbo a Colombia y tengo que centrar mi energía en esto, en el trabajo que voy a hacer y los resultados que busco obtener. Sé que en un rato podré hacer el “switch” y todo se encaminará, pero en algún momento de este caos estoy “caught in the middle”, y se ve que me pasa también con el lenguaje que salta de un lado a otro y no encuentro palabras adecuadas.

Así que así estoy, entre listas que se multiplican y asuntos que se tachan, otros que se postergan y algunos se delegan.

Acabo de cortar el flujo de la escritura para sacar del cajón del escritorio algo que no debería olvidarme para el viaje. Una libretita de viajes y una birome nueva, ahora cuando vaya a la librería a buscar la carpeta anillada. Pavadas que comen los minutos y horas antes de un viaje. Adrenalina y vacío en el estómago. Un par de lentes extras (si se me rompen los que tengo me quedo ciego por el resto de mi estadía), pañuelos descartables, ibuprofeno y cien cosas más. Tal vez esto ilustre un poco más la locura que tengo encima, ahora canalizada por otro lado.

Cambio de horario

Como en breve entraré en el horario de Colombia, con dos horas menos de diferencia con respecto a Argentina, publico esta entrada a las 9,45, para que nadie reclame. La verdadera entrada de hoy saldrá en 120 minutos más.
He dicho.
http://estebanmorin.blogspot.com

martes, 2 de noviembre de 2010

Enojo

Y sigue el tema. Los medios no paran de levantar al muerto.
No puedo más hoy. Estoy enojado, se me sale por los poros.
La gente insiste con la mano dura y con planteos desde el desconocimiento, el sentido poco común y los clichés.
No quiero discutir más, pero no tengo más remedio.

Además soñé feo, de explicaciones y grupos interminables de gente.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Lunes

Vamos a ver. No vemos nada.

El sábado a la tardecita se accidentó un pibe con su longboard, una variación del skate que se practica en cuestas y bajadas. Lamentablemente se golpeó en la cabeza tan fuerte que falleció en la mañana del domingo. Tenía 17 años.

El tema es tan penoso, que es difícil decir cualquier cosa sin mandarse un moco.

El lunes no pinta mal, pero esta tristeza inunda lo demás. Seguramente en un rato pasa.
En su momento habíamos publicado esto sobre la práctica de este deporte. Hoy siento que no podría haber elegido un título peor.

domingo, 31 de octubre de 2010

Domingo


Sólo para no olvidarme.
Me desperté pensando en que lo que antes llamábamos pobres, después fueron marginales y ahora es "población en riesgo". Siento que cada uno hace a una perspectiva distinta de una realidad social.
La primera se centra en la cantidad, la segunda en la ubicación -centro vs. márgenes- y la tercera en la seguridad. La última, que todavía estamos atravesando y por eso es la más difícil de observar, no deja claro si el riesgo es propio de esa gente, de nosotros -el resto- o qué. ¿Cuál es el riesgo? ¿Quién es el riesgo? ¿Para quién es el riesgo?

Tampoco debo olvidar: sueños con agotamiento, dolor de espalda y mucha transpiración.

Foto: Prisión en el fuerte de Lima.

sábado, 30 de octubre de 2010

Grupos, congreso y muerte


La entrada de hoy merece ser más extensa, tal vez como para dar un cierre a la semana que finaliza con este día sábado o para dar alguna forma a cosas que quedaron sin ser nombradas o apenas insinuadas. Otras, como corresponde a un diario en la atención cotidiana, serán dejadas al olvido o a la memoria que volverá a traerlas en otro momento.

Comencé esta especie de diario forzado con la intención explícita de dar mayor velocidad a las publicaciones y volver a poner en movimiento esta rueda de producción, como una máquina que tiene que recuperar cierto registro que ha perdido.

Justamente ayer estuve en un congreso de literaturas latinoamericanas en Rosario y, en un momento de discusión sobre los clásicos rioplatenses con Borges, Arlt y Onetti, como sus principales referentes, y luego de la bastante aburrida explicación de los panelistas, se arribó a otra aún más aburrida discusión sobre las etiquetas. ¿Qué es lo que convierte en rioplatense, argentina o uruguaya a la literatura? Algo que de ser delimitado no servirá de nada. Los límites de estas cosas se mueven porque los escritores se mueven, aún más los libros y, sobre todo, los lectores que se desplazan de un lugar a otro, dando nuevos sentidos desde un perspectiva u otra.

¡Ah, las etiquetas! ¡Cómo si fuera tan fácil clasificar y delimitar tantas cosas! Justamente estoy acá, enfrentándome al ambiente más académico de la literatura para ver claramente si logro más identificación con este grupo que con otros. Digo estoy acá tratando de ver si puedo etiquetarme a mí mismo como escritor, como literato, como algo en esta indefinición que me recorre permanentemente. Bien, no, no lo he logrado y en esta confusión algo nuevo surge, como siempre que uno logra estar conectado de alguna manera.

Como decía en la entrada de ayer, vine aquí buscando a Jitrik por las razones equivocadas, suponiendo de él algo que había derivado de relaciones engañosas y me encontré con que en su mesa estaba César Aira, quien con infinita más altura y simplicidad, volvió a ponerme en contacto con las cosas que más conectan conmigo de leer y escribir, la búsqueda y el juego. Volvió a mí la certeza de que si logro estar conectado con mi propio deseo –mi necesidad profunda de escribir, como llamado de poner palabras detrás de palabras para decir algo a alguien, aunque estos dos últimos aspectos sean tan escurridizos como pueda imaginarse– no hay forma en que lo que encare no vaya nutriendo ese camino, por más que discurra en otros campos profesionales y otras realidades que parezcan –en principio– alejadas de lo artístico.

Con esto pareciera que las decisiones continúan madurando en mí y sé, por experiencia propia, que los momentos de duda y angustia arreciarán nuevamente en el futuro. Pero que vengan nomás los degenerados, los voy a esperar con todo el cuerpo puesto en juego, como corresponde.

La muerte K
Sobre esta semana un tema es obligatorio poner en palabras, aunque sea unas breves, y es la muerte de Néstor Kirchner. Debo confesar que mi primera apreciación, la más automática y tal vez resultante de un defecto profesional de comunicador (quiero pensar eso ahora como justificación para los que van a ver en mí un maldito utilitarista), fue concluir sobre la forma en que este hecho afectaba positivamente la imagen de la presidenta hacia una reelección. Puesto el foco en la cuestión puramente maquiavélica de los resultados en la opinión pública, la viuda del nuevo “mártir” del Frente para la Victoria se volvió automáticamente la candidata ganadora de la reelección a la presidencia. ¿Quién puede enfrentar esa imagen? ¿Quién será el “desalmado” que enfrentará a toda la opinión pública que se solidarizará con ella, con toda la clase media que ya la apreciaba antes de la muerte de su esposo y ahora no podrá sino redoblar su esfuerzo por cuidarla y defenderla?

Recién después caí en cuenta del dolor de la familia, la tremenda verdad de la viudez, la orfandad de los hijos. Y todavía más tarde caí en cuenta de las bajezas de los demás políticos que ya se hacen con las prendas del muerto y se sortean su mortaja, viendo cómo se recomponen los cuadros políticos por debajo de esa línea.

Volviendo a mi primera impresión, y siguiendo en la misma línea profesional, imaginaba un discurso perfecto post entierro del muerto: “Argentinos y argentinas. Mi marido dio la vida por este país, por este proyecto de país para todos, y con lo que queda de mi propia vida, con este corazón deshecho, voy a honrar a Néstor, por lo que construimos juntos y ahora me toca continuar a mí. Les pido ayuda a todos y a todas, como han ayudado hasta hoy, para continuar este proyecto. Y a los que piensan o planean desestabilizar este gobierno (pausa, se seca una lágrima y cierra el puño)… a los que creen que sin Néstor Kirchner esta mujer no va a poder gobernar, esta mujer se va a desarmar, les digo que no se equivoquen. (casi gritando ahora para superar los aplausos y los bombos) No se equivoquen porque en esta mujer, como en los millones de mujeres que sostienen este país, vive Kirchner y él me impulsa como a los millones de argentinas y argentinos que tenemos en él un modelo a seguir. ¡Que si lo extraño! Todos los días, todas las horas y todos los minutos. Pero ese sentimiento, en vez de debilitarme, me da fuerzas para continuar su obra. Y si yo también he de dejar mi vida por estos ideales, que así sea, por el bien de todos los argentinos y argentinas.”

Imaginar esta posición es fácil, lo difícil es ponerse del otro lado, si es que queda otro lado.

Algunos se regodean en el dolor de la muerte, se hacen milanesa en ese barro y, cual tratamiento renovador, salen embadurnados para mirar su propia vida y la muerte que les espera algo más esperanzados. Algunos hacen chistes sobre el fallecido y su esposa, celebran oculta o abiertamente la desaparición de un contrincante o un enemigo. De ambos lados surgen acusaciones de desubicación, de desconsideración o falta de perspectiva. El chiste es siempre desubicado porque lo que busca es poder decir algo que no es posible decir a viva voz. La sanción a esa expresión, la condena, también lo es porque intenta coartar una expresión real de un sentimiento profundo. Aceptar la diferencia de ambas cosas es lo más complicado.

Vuelvo al congreso
Al final no vino Alan Pauls y me perdí la oportunidad de escucharlo disertar sobre unas cartas de Cortázar publicadas recientemente. Una pena. Veré si puedo encontrar la ponencia más adelante en alguna publicación que surja del encuentro.

El salón estaba lleno de estudiantes y escritores, estudiosos y críticos. El ambiente estaba bueno, pero me producía la sensación de desubicación (y vuelve esta palabra como un latiguillo) que siento generalmente ante cualquier tribu. Será que una familia tan numerosa obliga a pensar la identificación y los grupos de manera más consciente. No sé.

viernes, 29 de octubre de 2010

Lluvia y decisiones

Llueve. Las decisiones siguen pendientes aunque los panoramas se aclaran.
Necesito dormir un poco más y soñar bastante. Creo que eso va a ayudar, como también una buena sesión de terapia y mucha charla en casa.

Estoy en una oficina con gente que grita enloquecidamente. Me voy a un encuentro de literatura en Rosario con ganas de conectar con eso. Espero salir pronto porque en un rato empieza la disertación de Noé Jitrik a quien me interesa escuchar especialmente. No sé realmente por qué, será porque el nombre suena lindo. Así como entrecortado y bien sonoro. Además porque es un gran lector de Cortázar.

jueves, 28 de octubre de 2010

Muchas cosas, un quilombo


A diferencia del otro día en el que sentía que no había posibilidades, hoy -tal vez como el rebote de la onda, la vuelta del ciclo- siento que el mundo se expande y las posibilidades se multiplican. Tal vez lo terrible sea tener que tomar decisiones y bancarse la pérdida que implica cualquier elección.

Ayer, reunido con gente querida por oportunidades de desarrollo, en un área que consideraba agotada laboralmente para mí, me doy cuenta de que puedo volver a entusiasmarme, como puedo entusiasmarme con muchas cosas todo el tiempo. Vuelve el tema de la elección que es lo que centra mi atención ahora.

Bien. Vamos bien. Un quilombo pero lindo, como los buenos quilombos de la vida, con mucha gente involucrada. Además hoy es un día brillante y eso ayuda a ver las cosas como más fáciles, a pesar de las claras dificultades y desafíos que encarnan.

Acabo de leer lo que escribí y veo que a cualquiera ajeno al tema le costará mucho entender qué quiero decir. Me explico, así me explico un poco más, aunque explicar es algo que debe evitarse si uno quiere ir de frente, pero ése es tema para otra entrada.

Hay dos posibilidades de trabajo muy buenas que se abren con vistas al año que viene: una en el ambiente público, con las posibilidades de impactar en la vida de la gente y actuar en la realidad de mi ciudad pequeña, y otra en una empresa con posibilidades de crecimiento personal (para mí) más desafiantes y, a la vez, un impacto sobre un grupo diferente de personas. El costo familiar de cualquiera de las decisiones es fuerte. El tiempo de hacer elecciones arrecia y es importante pensar tranquilamente. ¡Bah, suena tan sabihondo, que es difícil de creerme una sola palabra!

A su vez, más allá de todo el mundo racional, fantasmas se agolpan para hacer oír sus gritos, la angustia continúa mostrando que es necesario sentir además de pensar. Estructuras aprendidas y propias pujan por ganar un espacio. Todos los "unos" que forman a "uno" ven en la situación una oportunidad para ganar espacio. Conflicto y lucha, búsqueda y encuentro, salir a encontrar. Quiero navegar este proceso, aunque no sé adónde me lleva.

Mientras escribo estas cosas, vienen a mí las palabras de Levrero en su "Novela luminosa", ese enorme diario de escritor desvivido por la literatura. Veo ahí un mundo que siempre tengo como anhelo. ¿Qué haré?

(Me parece que son más claros mis momentos de angustia. Cuando todo está mal es más fácil también adquirir una perspectiva única de la imposibilidad. Cuando el mundo se abre la incertidumbre atraviesa todo y reina la confusión... Aunque también me gusta eso.)

miércoles, 27 de octubre de 2010

Censo, as-censo


Buenos días ¿cómo les va? ¿bien?
Bue', bien... ya pasó.

Hoy es día de censo así que se me peinan todos para salir lindos en la foto y nada de mentir a los censistas que después los gobernantes toman las medidas apropiadas para un país que no existe.

En medio del caos, cualquier valor numérico, aún el más insignificante, tranquiliza.

Cinco, cinco, me quedo con el cinco que es un número lindo y hoy parece bastante inofensivo.

*** *** ***

Antes de publicar este artículo escuché la noticia de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner. Muchas reflexiones surgen sobre esto: sobre el escenario político a futuro, sobre la inevitabilidad (qué palabra) de la muerte, sobre el poder que no puede controlar, tantas cosas sobre las que se puede pensar y sentir. Pensar y sentir sobre ella, porque ella es justamente la gran ausencia.

martes, 26 de octubre de 2010

Sin ganas

Hoy no tengo ganas de escribir. Tal vez la tarde traiga un poco de alivio al momento de fastidio que vivo hoy. Estoy muy enojado, en primer lugar conmigo mismo, y siento que me condeno a una forma de repetición de la que no puedo salir. Me como el hígado durante el día para que se regenere a la noche.

No sé si me vendría bien encerrarme por un largo tiempo en mí mismo, o salir a hablar con la primera persona que se me cruce. La verdad es que hablo de cansancio y enojo, pero lo que subyace es una angustia negra y penetrante, como un humo denso y frío que espera que me asome para enfrentarlo con la poca luz que pueda generar de algún otro lado.

Basta de lamento. Hasta mañana. La entrada de hoy no hace más que incrementar la molestia. A joderse.

lunes, 25 de octubre de 2010

Tiempo


Hubo una época en que odiaba los lunes. Ahora me encantan. Por supuesto, los días nunca me son indiferentes, los odio o amo con la misma intensidad.

Antes de seguir escribiendo sobre el tema sobre el que quería discurrir hoy, quiero explicar el porqué del horario (arbitrario) de publicación de esta serie. Considero a las 11:45 hs. un horario bisagra en el día. Es claro que no es el único, pero me interesa éste en particular porque indica el próximo fin de la mañana y la necesidad de tomar algunas decisiones. Cuando faltan quince minutos para el mediodía uno debe enfrentarse a la revisión, rápida y poco reflexiva o sesuda y detenida, de los temas que se había propuesto resolver en horas de la mañana y pasarlos a la tarde, al día siguiente, a la semana siguiente o abandonarlo. Lo que. Es un momento de transición, de medianería, de paso y traspaso. Un pequeño símbolo de tantas cosas. Una pavada.

El tema que quería dejar planteado hoy, y ahora veo la relación con lo que escribía más arriba, es la cuestión del tiempo. Mi analista hablaría de la forma extraña en la que yo "habito el tiempo" (lo de extraño es una calificación propia) en relación a la velocidad con la que siento se consumen las horas del día y la compulsión que me lanza a tratar de aprovecharlas al máximo, disminuir las horas de sueño, los "tiempos muertos", las ineficiencias de todo tipo.

Ahora vuelvo sobre esto y me pregunto qué será un tiempo muerto, donde justamente si haya algo que no se detiene, que nunca muere, es el tiempo. Bien, vamos cayendo en frases comunes como "Hay más tiempo que vida", así que no esperemos mayores cosas de esta sección.

Tanta gente habló del tiempo y, sin embargo, nada saca esta sensación de urgencia que me inunda la gran mayoría del... tiempo (qué más). Hay una angustia básica, una percepción de que la cosa se escapa, que antes de que pueda darme cuenta aparecerá el cartel de "GAME OVER" y no podré reiniciar el juego.

domingo, 24 de octubre de 2010

Serie 1145


Desde hoy y hasta el 31 de diciembre de 2010, a las 11:45 de cada día, habrá una nueva entrada en este blog. ¿Qué formato tendrá? ¿Cuál será el objetivo? ¿Cómo lo escribiré? Todavía no lo sé. Lo único que sé es que me cansé de dar vueltas y no avanzar con esto. Fueron meses sin poner una línea aquí y el lema que me planteo hoy es "Ningún día sin una línea", como reza el viejo lema latino.

Muchas veces pensé en hacer lo de Casciari, pero me falta su chispa o su rebeldía, después pensé en Rozitchner pero sentía que no podía acercarme a su agudeza, después llegó Pron pero me falta tanto para ser como Pron. Sí, ya es claro que me cuesta ser mí, pero nunca termino de caer en cuenta de esto. Hubo una época en la que convoqué a amigos reales e imaginarios a participar con la intención de dar un impulso a esto, pero no salió nada que durara más que los primeros impulsos. Tal vez me centré demasiado en los resultados, tal vez me dejé llevar por la ambición, tal vez tantas cosas.

La cuestión final es que poco me importa ahora todo eso, o el momento de pensarlo llegará en alguna de los próximas 68 entregas. ¡Qué importa!

Creo que lo que más me cansó de todo, a lo que intento decir un basta final en esta entrada es a que me importe un pito la opinión de mis lectores, reales o imaginarios. Así que probablemente esto se vuelva más políticamente incorrecto, más intimista, más críptico, más enojado (si todavía más). Y, a la vez, menos preocupado por las clasificaciones, las etiquetas y los estilos.

Veremos...

viernes, 6 de agosto de 2010

Taller esta tarde

Esta tarde es el taller de producción de cuentos que dirigimos con Jaquelina Miranda en la Feria de Libro de San Lorenzo.
19 hs. en aula a definir del Centro Cultural.

Los que se quieran acercar, vengan, están todos invitados.

Contaremos algunas experiencias y jugaremos a escribir un poco.

Aquí más detalles.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Novela - Capítulo 10

No pregunten si vendrá lo que sigue o lo que antecede. A capítulo regalado...
Forma parte de la novela en elaboración. Un regalo de miércoles, realmente.



10
Veintitrés años después Jacobo escribió en su diario.

21 de julio de 2001 (Sábado)
Carla
Nos encontramos en una librería. Yo caminaba entre las mesas, desvencijadas por años de cargar con tantas ideas pesadas, cuando la vi parada frente a los estantes de sociología y comunicación, acariciaba los lomos de Barthes, Bourdieu y Derridá, como quien se persigna ante un relicario. Me sorprendió su postura, cierta tensión que atravesaba su espalda y esa vibración que transmitía por debajo de un atuendo de perfecta estudiante universitaria, casi adolescente y casi adulta. Llevaba unos jeans ajustados, una camisa suelta arrugada y un bolso cruzado, hecho de hilos trenzados con figuras de origen nativo, seguramente de algún pueblo empobrecido y sucio del Norte. El pelo le caía a un lado como una columna labrada de brillos y aromas, mientras se inclinaba para leer los autores y títulos de los libros ordenados en el estante. Esta postura desnudaba un lado de su cuello rosado, la insinuación de una piel sensible a la que el sol nunca broncearía. Por esas coincidencias que me gusta respetar, formas de encuentro que me permito indagar, hice punctum en esa piel, esa postura, en honor a Barthes que en ese momento recibía las caricias que yo requería.
Me acerqué temeroso, confieso que no estoy habituado a entablar conversación con cualquier persona y mucho menos si me siento atraído como en ese momento, tomé un libro a su espalda y la observé de costado mientras ella leía. Esa cercanía me perturbaba.
–Hay algo en ese libro que es inquietante –dije, sonriendo.
Ella levantó los ojos de la fotografía de Kertész, una reproducción menor de la colección que despliega “La cámara lúcida” que, sin embargo, disparó en mí el espectro-espéculo que no percibiera cuando lo leí por primera vez. Me sentí como un niño perdido en busca de cobijo, balbuceante, necesitado de una mirada mansa y algún contacto. En cierto modo, yo era el niño que quería volver a los ojos de esa mujer, era yo quien pedía a esos ojos de café que me trajeran desde ese fantasma a la protección de su mirada.
–Barthes es inquietante –dijo devolviendo la sonrisa, y cerró el libro lentamente.
–Sí, justamente. Ese libro trae sus propios fantasmas, que se mezclan con los del lector e inquietan. ¿Estudiás Comunicación?
–No, Psicología, pero me gusta la fotografía y me dijeron que tenía que leer este libro.
–Buena recomendación –dije y me detuve en el aire. Alguien había pateado el tablero y yo no sabía que hacer con los escaques vacíos.
–Me llamo Carla –dijo y sólo pude inclinar la cabeza un instante.

Carla escribió en su diario.
22 de julio de 2001
Mi señor extraño
Nos encontramos en una librería y ahora me doy cuenta que no podría haber sido de otra forma. Lo encontré y me encontró. Hablamos de un libro que yo no había leído, pero que quería comprarme. Fueron pocas palabras, pero bastó para que pudiera completar una imagen. Flaco, casi desgarbado, con lentes pequeños clavados dentro de las cejas que ocultaban, pero no tanto, unos ojos algo tristes e inquietos; llevaba un sobretodo raído que debió pertenecer a su padre. Me pareció la receta instantánea para la compasión, aunque sospeché una agudeza incierta de los hombres golpeados y madurados prematuramente. Recuerdo que pensé que estaba haciendo un análisis demasiado salvaje de su aspecto cuando me detuve en sus manos. Las vi suaves y tiernas, lo imaginé sosteniendo una criatura de pocos días y esa imagen transformó sus rasgos. Entonces lo quise.

Después de comprar el libro, Carla caminó dos cuadras por calle Corrientes hasta que Jacobo juntó el coraje necesario para volver a hablarle. Hasta ese momento estuvo caminando en silencio a su lado, mirando la punta de sus zapatos. La detuvo del brazo frente entre un quiosco de diarios y un puesto de artesanías espantosas, hablaba entrecortado: de fotografías, del lenguaje, del amor, de su amor a la literatura, del punctum, hasta que ella lo salvó de su propio desvarío.
–Vamos a tomar un café –propuso Carla, y comenzó a caminar hacia la esquina sin esperar opiniones. Jacobo partió detrás, en silencio pero reconfortado con la actitud firme de ella.
Hablaron mucho y con poco sentido. Se enamoraron en el segundo café, se odiaron al tercero y se reconciliaron luego con cerveza y maní. Después se subieron a un taxi sin rumbo fijo y, como esa avenida los cegaba, tomaron por Alem hacia el Sur. En la Calzada Circular él le acarició los dedos de la mano izquierda mientras miraban el frente de la Casa Rosada. Se besaron por primera vez en el semáforo de Colón y Belgrano. El auto dobló por Independencia y se bajaron en Tacuarí, desde donde caminaron hasta un motel para amarse una vez por turno hasta el amanecer. Ella lloró con su primer orgasmo y él también cuando la sintió, completamente desnuda, abrazándose a su pecho con los ojos cerrados. Él pensó en cómo convertir un momento en eternidad y ella se preguntó quiénes eran ellos dos, perfectos desconocidos, representando la obra más humana de todas.
Él se puso los anteojos y la miró enrollarse en las sábanas como una gata que vuelve de sus andanzas nocturnas. Sonrió, enorme, feliz y agotado, con la melancolía de saber que ese momento había culminado, que nunca habría otra primera vez con ella, que nunca volvería a descubrir esa mancha en su vientre, que esa piel nunca sería inexplorada. Recordó una secuencia de imágenes hasta el presente, la maravilla de descubrirla y descubrirse juntos. Ella lo vio de perfil, sentado en la cama, fumando lentamente y sintió que era otra persona; que el tipo que había conocido ayer ya no estaba.
Salieron despacio después de pagar la cuenta y caminaron hasta calle Venezuela abrazados. Buscaban un taxi que tardaba en aparecer.
–Es increíble todo lo que pasó. Sólo puedo pensar en cuando te vi en la librería –dijo Jacobo en un suspiro.
–No empieces, viejito –replicó Carla sonriendo y él se dio cuenta de que ella era realmente joven.
–¿Qué?
–Que no empieces a reeditar el momento, que no me gusta eso de validar lo que pasó con el recuerdo. Es un modo triste de justificarse… como si fuera necesario.
–Pará… que no es para tanto. Era sólo un comentario.
–No sé, estoy cansada y necesito ir a casa. Hablamos esta noche –El taxi ya había parado, ella se subió de un salto, indicó una dirección al chofer, escribió algo en un papel y lo extendió a Jacobo por la ranura de la ventanilla entreabierta mientras el auto partía. Era una nota ínfima en el medio de una hoja rayada: su nombre, su teléfono y un simbolito adolescente en forma de beso con labios apretados.
Entonces se dio cuenta, mientras la veía partir hacia una casa desconocida, que ese papel que ya guardaba en el bolsillo era la misma validación que él buscaba con el comentario. Si todo hubiera sucedido exactamente igual, pero en el momento final, el de la despedida, ella simplemente lo hubiera besado en la mejilla y huido en el taxi, todo habría culminado entonces y, de alguna manera siempre contradictoria y confusa, la compañía, la pasión, las caricias y el sexo habrían resultado en una soledad aún más desgarrante que la previa al encuentro. Pero no fue así esta vez, tenía el papel, un talismán podía conjurar los fantasmas más temibles por algún tiempo.